Quirquincho (a menudo recordada como Quirquincho Dorado en el habla de kiosco) fue una revista chilena de humor erótico nacida en 1988 y publicada por editorial Molino hasta alrededor de 1996. Si solo la juzgas por la tapa —mujer semidesnuda, tipografía chillona, góndola de adultos— parecía “otra triple X”. Por dentro, sin embargo, era sobre todo historieta: parodias estilo comix underground, gags largos y autores que venían del circuito serio del dibujo nacional. Esa doble lectura es exactamente por qué vale recuperarla con contexto y sin moralina fácil.

Página/sección «Humor gráfico» de la revista Quirquincho (archivo editorial vía blog historietas chilenas). Uso editorial de foto de producto/página; © Ediciones Molino / autores.
Página/sección «Humor gráfico» de la revista Quirquincho (archivo editorial vía blog historietas chilenas). Uso editorial de foto de producto/página; © Ediciones Molino / autores.

Catálogos de coleccionistas y fichas de tiendas especializadas (por ejemplo Record Boy Discos al describir números como el 85 o el 91) coinciden en el perfil: formato generoso (~26–27 × 19 cm), decenas de páginas, categoría comix/erótica, y un roster que incluye a Máximo Carvajal (antes ligado a Doctor Mortis) con piezas como “Frankenspot”, más Mario Igor, Manuel Cárdenas, Hidelgardo Igor, Alf, Luis Peñaloza, Desiderio Arenas, Che-Ché, Luis Muñoz, entre otros. “Los Burros Ninja”, una de las series más citadas, es un rip-off delirante de las Tortugas Ninja: justamente el tipo de absurdo que el cómic adulto latinoamericano cultivó cuando la TV infantil global se volvía ineludible.

Entre El Pingüino, Trauko y el kiosco de los 90

Chile ya tenía tradición de humor picaresco para adultos: Pobre Diablo en los 40–50 y El Pingüino (1956–1969) de Guido Vallejos mezclaban chistes, vedettes y crónica ligera. Quirquincho llega más tarde, cuando la dictadura termina y el mercado se liberaliza, compitiendo con Trauko (más “autor” e internacional) y con el aluvión de revistas importadas. Su apuesta fue más popular y explícita: menos Moebius, más parodia callejera. No por eso fue desechable. Varios de sus dibujantes cruzaban registros —del terror popular al gag erótico— y el formato revista seguía siendo escuela de oficio: plazos, tipografía, color de tapa, distribución nacional.

El cierre hacia 1996 coincide, según esas mismas fichas de coleccionismo, con la llegada masiva de internet a Chile: el consumo erótico y el humor gráfico migraron a pantallas, foros y después a blog/Flash. Quirquincho quedó como objeto de feria y caja de zapatos: números sueltos, estado “excelente” o “con desgaste de kiosco”, precio de nostalgia. Esa materialidad importa. Al contrario de un PNG viral, una revista Molino de 76 páginas te obliga a pensar impresión, censura blanda de vitrina y el ritual de leerla escondida o compartida.

Cómo hablarla sin caer en dos trampas

Trampa 1: tratarla como porno descartable y borrar a los historietistas. Trampa 2: blanquear el machismo y la cosificación que sí estaban en el género. El tono adulto es históricamente preciso; el análisis crítico también. Para Animatelo, Quirquincho es eslabón entre la historieta de quiosco y la cultura visual que después alimentó memes, animaciones web y el gusto por lo grosero “hecho en casa”. Si estudias Trauko por la alta cultura underground, mira Quirquincho por la baja: misma década, otro registro, mismo país aprendiendo a reírse en voz alta otra vez.

Para seguir: fichas de ejemplares en catálogos de comix (Record Boy y similares), el panorama de Historieta en Chile (Memoria Chilena) y la entrada de El Pingüino como antecedente de humor adulto. Prefiere fuentes de archivo y coleccionismo serio; evita dumps completos que perjudican a autores y legatarios.

Imagen de portada: portada de Quirquincho Dorado nº 85, edición especial «solo para adultos». Uso editorial e informativo; © sus autores y editores.