El 1 de abril de 1988 salió el primer número de revista Trauko. No era un fanzine más: fue una apuesta editorial independiente —españoles Antonio Arroyo y Pedro Bueno, argentina Inés Bagú, con apoyo de Hilda Carrera y Emilio Ruz— que en tres años publicó 36 números y se metió en la conversación cultural chilena justo cuando el país salía de 16 años de dictadura. El nombre viene del trauco, figura mitológica de Chiloé: pequeño, lascivo, contracultural. La revista asumió ese espíritu sin pedir permiso.

Portada de la revista Trauko («Cómic urbano»). Uso editorial; © sus autores y editores.
Portada de la revista Trauko («Cómic urbano»). Uso editorial; © sus autores y editores.

El contexto importa. A mediados de los 80 el panorama de historietas en Chile estaba seco: intentos heroicos, fanzines aislados, poca industria. Al mismo tiempo, el underground respondía al apagón artístico con títulos como Matucana, Ácido o Bandido. Trauko se apoyó en ese clima, pero apuntó más alto en distribución y en catálogo internacional. En sus páginas convivieron Moebius, Milo Manara, Hugo Pratt (Corto Maltés), Robert Crumb o Torpedo (Sánchez/Abulí) con una camada local que encontró trampolín: Martín Ramírez, Karto, Vicente Plaza (Vicho), Lautaro Parra, Marcela Trujillo (Maliki), Mauricio Salfate (Yo-yo), portadistas como Héctor Leal, y un largo etcétera documentado por la Biblioteca Nacional.

Más que viñetas: escena, música y polémica

Trauko no fue solo “revista de comics”. Circuló por ahí la escena de los 80: Fulano, De Kiruza, pintores como Bororo y Samy Benmayor, textos de Mauricio Redolés o Raúl Zurita, y una de las primeras apariciones en prensa del colectivo Las Yeguas del Apocalipsis (Pedro Lemebel y Francisco Casas). Esa mezcla —historieta adulta europea + autores chilenos + crónica cultural— la vuelve documento de transición democrática tanto como objeto de fans del cómic.

Hubo tensiones internas y proyectos derivados. Arroyo, tras separarse del equipo, impulsó Trauko Fantasía y otros álbumes. La colección que él donó en 2018 al Archivo de Láminas y Estampas de la Biblioteca Nacional (falleció en 2020) permite hoy revisar no solo Trauko, sino el ecosistema: Ariete, Raff, El cuete, fanzines como Beso negro o Slum cómics, revistas españolas Totem/Zona 84/Makoki, bocetos y páginas de diagramación. El artículo de Hugo Hinojosa Lobos para el Servicio Nacional del Patrimonio Cultural resume ese mito con fuentes de archivo, no con nostalgia de Facebook.

Por qué mirarla desde Animatelo

Porque la animación y el cómic en Chile comparten infraestructuras precarias y rachas underground. Trauko prueba que una revista “de nicho” puede archivar una época entera si mezcla talento internacional con escuela local. También recuerda que el humor adulto y la contracultura no nacieron con internet: ya se vendían en kiosco, con riesgos legales, estéticos y políticos. Si vienes del Flash anglosajón (Newgrounds, etc.), Trauko es el espejo chileno de esa energía —en papel, bajo toque de queda cultural, con otros referentes.

Para aprender más (sin piratear escaneos completos): el Bajo la lupa del Patrimonio Cultural, el PDF “Revista Trauko (1988–1991), un mito que se vuelve a contar”, el Museo virtual histórico y la colección consultable en Biblioteca Nacional. Mira portadas e índices; respeta derechos de autores vivos y herederos.

Imagen de portada: portada de la revista Trauko («Cómic urbano»), historieta chilena para adultos. Uso editorial e informativo; © sus autores y editores.